14 julio 2024

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La joven de la perla ilusoria. El Mauritshuis presenta su examen científico de la obra

El Mauritshuis de La Haya dio a conocer ayer los frutos del examen científico llevado a cabo en el centro a la obra más emblemática de Vermeer: Joven de la perla (hacia 1665). Esta investigación interdisciplinar, desarrollada por un equipo internacional de expertos, se ha acercado más que nunca a los entresijos técnicos de la pintura y, aunque no ha desvelado el gran misterio de la identidad de la modelo (muchos pensarán que es mejor así), sí ha arrojado un buen número de hallazgos.

El proyecto se bautizó como The Girl in the Spotlight, se ha servido de técnicas de imagen y escaneo no invasivas, microscopía digital y análisis de muestras y su punto de partida estaba claro: el objetivo era despejar dudas sobre cómo pintó Vermeer esta obra de arte icónica y qué materiales utilizó.

Uno de los “descubrimientos” más importantes tiene que ver con el fondo tras la Joven: no se trata de un espacio oscuro y vacío, sino de una cortina verde. Los estudios visualizan líneas diagonales y variaciones de color que sugieren la presencia de una tela plegada en la esquina superior derecha de la obra, una cortina que habría desaparecido, en el paso de los siglos, a consecuencia de los cambios físicos y químicos en el pigmento verde, casi translúcido.

Fijémonos ahora en los ojos de la Joven. A simple vista, parecen no tener pestañas, pero los rayos X y el examen microscópico han revelado que Vermeer pintó pequeños pelillos alrededor de los párpados, rasgo que individualizaría más a la muchacha.

The Girl in the Spotlight también ha permitido saber más del sutil uso de los pinceles por parte del artista de Delft y de su manejo del color. Vermeer comenzó a componer esta obra en varias tonalidades de negro y marrón y los imágenes infrarrojas han detectado vigorosas pinceladas en las capas subyacentes. Realizó los contornos de la Joven con finas líneas negras y llevó a cabo cambios en la composición mientras pintaba: la posición de la oreja, de la parte superior del pañuelo sobre su cabeza y de la zona posterior del cuello se desplazaron. El artista se aplicó detenidamente en el fondo antes de alcanzar el primer plano, ocupándose primero del fondo verdoso y de la piel del rostro de la mujer y después de trabajar en su chaqueta amarilla, el cuello blanco, el pañuelo sobre su cabeza y, cómo no, en la perla.

El pendiente, por cierto, es en el fondo una ilusión: percibimos esa perla de la mano de toques translúcidos y opacos de pintura blanca, y nos falta el gancho con el que colgaría del lóbulo. La firma la dispuso el pintor en la esquina superior izquierda, donde puede leerse IVMeer, y en varias zonas del lienzo se han encontrado finas cerdas que los pinceles perdieron.

En cuanto al cromatismo, esta investigación ha identificado y mapeado con precisión, por primera vez, la paleta empleada por Vermeer en su obra más célebre. Se sirvió de rojo (el bermellón y otro obtenido a partir de cochinilla), de varios tonos de amarillo y marrón (tomados de pigmentos de tierra o de plomo-estaño amarillo), de azul (ultramarino e índigo), negro (carbón y hueso negro) y blanco: seleccionó cuidadosamente dos pigmentos blanquecinos de plomo con distintas propiedades ópticas para lograr la delicada transparencia y la transición perfecta de la luz a la sombra que apreciamos en el rostro.

Las materias primas empleadas en la elaboración de esos colores procedía, hoy lo sabemos, de todo el mundo: de México y América Central, Inglaterra y seguramente Asia y las Antillas. Ha sorprendido a los expertos el uso no menor de azul ultramarino de alta calidad tanto en el pañuelo como en la chaqueta, porque este tono se lograba a partir de lapislázuli llegado de Afganistán y su preparación era lenta y laboriosa. En el siglo XVII, ese pigmento era incluso más apreciado que el oro.

Los investigadores que se han sumado a The Girl in the Spotlight han llegado a la conclusión de que esta piedra semipreciosa podría haberse calentado a una temperatura alta para ser más fácilmente molida después y generar, a su vez, un azul más intenso.

El examen técnico a La joven de la perla se llevó a cabo en los meses de febrero y marzo de 2018 y, durante dos semanas, el público que se acercó al Mauritshuis pudo contemplar sus avances en directo (vidrio mediante). La iniciativa ha otorgado a los conservadores, además, información detallada sobre el estado actual de la pieza, de modo que cualquier cambio futuro en su superficie pueda ser fácilmente monitorizado a partir de ahora.

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