14 julio 2024

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Exposición: “Sorolla. Orígenes” en el museo Sorolla.

La primera exhibición en repasar la etapa temprana de Sorolla, previa a su consolidación nacional e internacional como pintor de la luz y del mar en el cambio de siglo, acaba de abrir sus puertas al público en su Museo madrileño, donde se estrena antes de su presentación en el de Bellas Artes de Valencia. Bajo el comisariado de Luis Alberto Pérez Velarde, conservador de este centro, “Sorolla. Orígenes” examina sus comienzos en esa ciudad y su formación en las Escuelas de Artesanos y en la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos, cuando compaginaba sus colaboraciones en el taller de cerrajería de su tío con las lecciones de dibujo, y lo hace a partir de obras que serán en su mayoría inéditas para los visitantes, entre las que destaca una reciente incorporación al catálogo razonado del artista.

De carácter ya ambicioso, presentaba entonces su trabajo a exposiciones de Bellas Artes como la Regional de Valencia o la Nacional de Madrid; cuando acudía al Prado, se atrevía a copiar a Velázquez, vendía sus primeras obras en comercios valencianos y obtuvo, en el que fue uno de los hitos que determinarían su carrera, la pensión que la Diputación de Valencia concedía para estudiar en Roma, donde tuvo oportunidad de profundizar en su conocimiento del mundo clásico.

Cuatro secciones articulan esta muestra, recordando la inicial sus orígenes familiares y sus viajes primeros a Madrid. Huérfano de niño debido a la epidemia de cólera que azotó el Mediterráneo en 1865, sería acogido por sus tíos, Isabel Bastida Prat y José Piqueres, y en el Instituto de Segunda Enseñanza despuntó muy joven por su talento dibujando. Con solo quince años, en 1878, ingresó en la Escuela de Bellas Artes para centrarse en su vocación, llevando a cabo composiciones de temática amable, obras de género u orientalistas, bodegones, floreros y vistas urbanas. Una de esas naturalezas muertas cautivaría al que fue su primer mecenas, y también suegro, el fotógrafo Antonio García Peris.

En sus primeros traslados a la capital, como decíamos, copió en el Prado a Ribera y también a Velázquez; ambos dejarían una huella honda en el conjunto de su producción. Y como otros pintores noveles, participó en numerosos certámenes buscando abrirse camino; uno de ellos fue la Exposición Regional de 1883, que se subdividía en dos secciones artísticas: una de ellas dedicada a antigüedades y otra a autores valencianos. En esta última Sorolla, que exhibió media docena de trabajos, se codeó con Emilio Sala, Salvador Martínez Cubells, Antonio Gomar y Vicente Borrás; gracias a fotografías de época, han podido identificarse todas aquellas obras salvo un paisaje y cuatro pueden verse ahora en Martínez Campos: se trata de El oferente. Desnudo masculino, Caballero con banda, La esclava y la paloma. Desnudo y Monja en oración. Por el buen dibujo y el tratamiento del color, en esta última recibió su primera medalla de oro.

Un tercer capítulo de la exposición se centra en sus primeros triunfos relevantes. Sus composiciones fundamentales de 1883 y 1884 serían los cuadros de historia El dos de mayo y El grito del Palleter; con el primero, que representaba el alzamiento madrileño ante la invasión francesa, concurrió a la Exposición Nacional de 1884, obteniendo por él una segunda medalla. Hoy en los fondos del Prado, fue realizado al aire libre pero sin alejarse de los convencionalismos académicos del momento. Con el segundo, después de aquel éxito, logró de la Diputación de Valencia su beca romana (El grito del Palleter, por cierto, fue otro episodio ocurrido durante la Guerra de la Independencia -alude a las arengas antifrancesas de Vicente Domènech a los campesinos que en la Lonja vendían sus productos- y su representación era obligatoria para todos los candidatos seleccionados en la convocatoria). 1808, en todo caso, trajo a Sorolla fortuna.

La muestra finaliza repasando algunos de sus primeros retratos, uno de los géneros en los que más profundizaría. De su época como estudiante en Valencia conocemos algunos que dedicó a su familia, amigos y conocidos, ensayando un refinamiento que sería su sello. Para nosotros muchos de ellos son anónimos, pero podemos deducir que los modelos serían sus cercanos: es el caso del muy bello Retrato de Hombre, captado con aire romántico, que podría ser otro estudiante, aunque en algún caso reconoceremos a su hermana Concha Sorolla.

Abierta hasta marzo, esta exposición es la primera en conmemorar el centenario del fallecimiento del pintor, en 2023.

“Sorolla. Orígenes”

MUSEO SOROLLA

C/ General Martínez Campos, 37

Madrid

Del 20 de diciembre de 2022 al 19 de marzo de 2023

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