11 julio 2024

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Mario Valdés en el Museo de Arte Contemporáneo en Vidrio de Alcorcón

El Museo de Arte Contemporáneo en Vidrio de Alcorcón acoge hasta febrero una retrospectiva del artista madrileño Mario Valdés.

Un pequeño bosque de 26 árboles calcinados con miles de hojas caídas en el suelo sorprende al visitante de la planta sótano del Museo de Arte Contemporáneo en Vidrio de Alcorcón (MAVA), situado en los Castillos de Valderas. Se puede entrar y pisar. Llama la atención su color negruzco, pero lo más sorprendente es que a la altura del espectador hay dos vidrios y un espejo en el que uno se refleja. Es el montaje estrella de la exposición retrospectiva del artista Mario Valdés (Madrid, 56 años) que acoge una selección de las obras creadas en los últimos tres años con diferente temática.

Este bosque se convierte en una defensa del medio ambiente y de la naturaleza. Mientras el espectador se ve reflejado en los cristales y casi queda absorto, la parte verde, la vida, se va quemando. Y todo ello bajo el ruido de las hojas caídas, como representación de la pérdida. Estos árboles proceden del incendio un planta de compostaje de San Sebastián de los Reyes ocurrido a principios de septiembre y que fueron recuperado por Mario Valdés para crear El bosque secreto, una de las tres series que conforman la exposición, comisariada por Ana Iribas Rudín.

Al conjunto lo rodean 30 vidrios colocados en el suelo recubiertos recubiertos con imágenes de un frondoso hayedo, provocando un contraste de realidades. “No vemos que el Planeta está siendo atacado. No vemos que todo está quemado o muerto y nos fijamos en nuestro ángulo, en lo que vemos reflejado en el espejo, sin mirar abajo a lo que está pasando la Tierra”, afirma el artista, que además es médico del Summa.

La serie la completan otras obras de mediano y gran formato también montadas sobre ejemplares calcinados Bosque secreto 1, Bosque secreto 2, Árbol grande, Árbol pequeño y Reloj de árbol. En todas ellas se unen lo verde de los vinilos del vidrio con la madera quemada, en una metáfora entre la vida y la muerte fruto de la destrucción. En otra parte de la sala, Mario Valdés ha colocado la única obra que no está realizada en vidrio. Un pequeño estanque con plantas acuáticas y un pequeño pez de color se ve completado por una grabación continua de sonidos de la naturaleza. Se llama El bosque secreto es un lugar del Alma. Surgió cuando el artista fue atender en una de sus guardias como médico a un paciente habitual en el municipio de Lozoyuela. Residía en una casa completamente vacía en donde solo había una mesa con una silla y una cama. El hombre, de unos 60 años, estaba sentado cerca de la cama, semidesnudo y mirando hacia la pared. “Me impresionó mucho porque su cara reflejaba soledad, castigo y dolor. Además, el hecho de haber fallecido en soledad y más al tratarse de una persona que ya habíamos tratado y por la que ya no pudimos hacer nada me dejó muy impresionado. De ahí, surgió el hacerle esta obra en un claro recuerdo a su persona”, destaca Valdés con bastante emoción. Todas las piezas creadas por el artista madrileño son originales y, por tanto, no existe más que un único ejemplar.

Las otras dos partes de la retrospectiva se encuentran en la parte superior del museo, en los Castillos de Valderas. En Delicias geométricas, llama la atención una pequeña obra que se ha convertido en la pieza angular de la obra de Mario Valdés. Bajo el título No puede durar el mundo. Homenaje al cubo 9, el vinilo reproduce a distinto tamaño una estrofa de A mis soledades voy, de Lope de Vega: “No puede durar el mundo / porque dicen, y lo creo, / que suena a vidrio quebrado / y que ha de romperse presto”. Valdés comprendió, según afirma, con estos versos que, si quería trascender más allá de la vida, debía transmitir su creación en obras artísticas. Y que estas transmitieran todos los sentimientos de la fugacidad de la vida y de la defensa de las personas y el medio ambiente. “Buscaba que mi obra perdurara, pero también quería utilizar un material frágil, delicado y transparente. Vi que el vidrio era el más adecuado”, mantiene el artista, que se autodefine como neoplátonico y defiende que “el alma individual está unida al alma del mundo”.

En esta parte del proceso creativo, también interviene su hija Olivia, de ocho años, que le ayuda a seleccionar las láminas acrílicas que decoran las piezas. Dos obras homenajean a las víctimas de la covid, y especialmente a su amigo fallecido, el artista Eduardo López Coira, y a todos los que han luchado contra la pandemia. Si el visitante goza de tiempo, no debe perderse los vídeos creados por Valdés en los que muestra cómo se ensamblan las piezas de cada obra. También invitan a la reflexión y a la serenidad.

La tercera parte de la retrospectiva se llama Symmetrias y está formada por ocho piezas de medio y gran formato. Mario Valdés utiliza para todas ellas seis piezas de 18 por 10 centímetros y otra de 20 por 20 centímetros, con las que crea estructuras estables en las que no se requieren ni hierros ni tornillos con los que unirlos. “Nunca utilizo bocetos, ni dibujos ni maquetas previas a construirlas. El vidrio tiene que ser autosuficiente para crear esas estructuras y encerrar un espacio dentro”, añade el autor. También sobresale el uso de las tonalidades de un mismo color empleado en cada creación.

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